EL BURLADOR DE SEVILLA

La obra de Tirso Molina se desarrolla en la sociedad española del siglo XVII con el pensamiento religioso contrarreformista, es una clara manifestación del poderío de la iglesia católica en el renacimiento. El teatro de esta época nunca deja ver una ruptura con lo religioso, por el contrario proporciona un mensaje moral sobre la salvación cristiana e intenta acercar más a los fieles. A pesar de que la obra se muestre como una historia de amor y engaños en la obra de Tirso Molina no se pierde la moral dominante de esta época ni la organización jerarquizada de la sociedad.

El personaje central de esta historia, Don Juan Tenorio, es un engañador de mujeres que vive la vida a su manera, pasando por alto las leyes de la sociedad y creyendo tener el completo control sobre su vida, vive esperando que no llegue el castigo divino pero, tarde o temprano, Dios le hará pagar sus pecados mediante su muerte. Juan es un hombre gallardo y lleno de juventud que gana el corazón de las mujeres, pero en la mayoría de los casos actúa en la oscuridad ocultando su identidad.

RESUMEN

 

ACTO I:

Don Juan tenorio es un hidalgo y noble español, hijo de Don Diego Tenorio y sobrino de Don Pedro Tenorio. Conquistador, gallardo y adulador con las palabras.

Su padre desde Castilla lo envía a Nápoles y allí engaña a Isabela, la duquesa, prometida del duque Octavio, Don Juan le quita su honor bajo palabra de matrimonio; pero se le hizo culpable de esto al duque Octavio frente al rey.

 El rey, muy molesto, lo manda a matar, pero Juan con ayuda de su tío huye a Tarragona en compañía de su fiel sirviente, Catalinón. Tisbea, una pescadora, les ofrece posada, y con la promesa de matrimonio también es burlada por Juan Tenorio.

 

ACTO II:

Mientras tanto, en el palacio real de Sevilla, el rey Don Alfonso de Castilla pide la mano de Ana de Ulloa a su padre, Don Gonzalo de Ulloa, en nombre de Juan Tenorio, él acepta. Pero el rey al enterarse de lo que Juan hizo con la duquesa decide desterrarlo y llamar al duque Octavio a ofrecerle la mano de Ana de Ulloa; él complacido acepta.

Juan Tenorio y Catalinón, ya en Sevilla, se encuentran a una mujer que les entrega una carta dirigida al marqués de la Mota. Don Juan, interesado en saber lo que ésta se hallaba escrito, decide leerla y se da cuenta que se la manda Ana de Ulloa, diciéndole que si la amaba tanto como él decía se escaparan en la noche, debido a que iba a ser forzada a casarse. Don Juan planea como gozarla también a ella empezando por engañar al marqués sobre el mensaje. Y a media noche en una confrontación, Juan mata a  Don Gonzalo de Ulloa, no sin antes haberle quitado el honor a su hija. De nuevo Juan se salva de la muerte, pues lo confunden con el  marqués de la Mota, a quien mandan a matar siendo inocente.

 

ACTO III:

De camino a Lebrija, Juan Tenorio pasa por una aldea donde se celebraba el casamiento de Aminta y Batricio (labradores). Pide consentimiento al padre de Aminta, Gaseno, para gozar de su hija, prometiéndole que sería su esposo.

La duquesa Isabela, en Tarragona camino a Sevilla, se encuentra con Tisbea, quien le cuenta su desdichada historia y le pide que la lleve al palacio consigo para pedir justicia al rey de lo que Don Juan ha cometido.

Juan vuelve a Sevilla con Catalinón. Mientras comían, toca a la puerta Don Gonzalo de Ulloa, en la forma que estaba en el sepulcro. Don Gonzalo le pide que vaya a la capilla en la mañana para cenar y, en compañía de Catalinón, Juan le promete que irá sin falta.

Mientras que, en el palacio real de Sevilla, el rey planeaba la boda de Don Juan e Isabela y la de Doña Ana con el duque Octavio, Aminta llega a Sevilla con su padre en busca de Juan Tenorio: “su esposo”. Batricio acusa a Juan de haberle quitado a su mujer;  Tisbea, de haberla engañado bajo palabra de compromiso;  y el marqués de la Mota le hace saber al rey que el cargo que le imputó lo cometió Don Juan Tenorio. El rey inmediatamente lo manda matar.

Finalmente, Juan va a cumplir su cita con Don Gonzalo. La iglesia estaba oscura, parecía el infierno allí dentro, los músicos cantaban de los castigos que Dios estaba a punto de cobrar: “no hay plazo que no llegue, ni deuda que no se pague”. Don Gonzalo toma la mano de Juan y la aprieta hasta quitarle la vida. Catalinón sale de la capilla arrastrando. Luego, Catalinón llega al palacio contando lo sucedido a los presentes, el rey lo ve como un justo castigo del cielo, pues “la causa es muerta, vida de tantos desastres”.

 

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